se encuentra al Sur de Egipto, a pocos kilómetros de la frontera con Sudán.
Lo especial y característico de estos dos templos es que están directamente tallados en la montaña a diferencia del resto de templos egipcios que se construyeron piedra sobre piedra.
Hace unas décadas Egipto pidió ayuda a países de todo el mundo a trasladar los templos porque iban a ser inundados por el lago Nasser al construirse la presa de Aswan, y fue una auténtica ayuda internacional en la que trasladaron ambos templos unos 100 metros más arriba para que no fueran anegados.
El templo principal está dedicado al Rey Ramsés II, y el más pequéño a su esposa Nefertari. En el grande las estatuas tienen 40 metros de alto y la sonrisa de Ramsés II tiene 1'5 metros de largo, siendo la más grande únicamente por detrás de la esfinge del Cairo cuya sonrisa es de 2 metros.
Lo más espectacular del templo se encuentra en su interior su interior . Un consejo os doy: Cuando llegueis allí, en vez de ir viendo como aparece el templo poco a poco a vuestra vista, NO LO MIREIS, ir bordeando unos 100metros el borde del lago Nasser, y cuando creais que estais cara a cara con el templo, giraros y verlo todo de una vez. Lo que se siente en ese momento prefiero que lo vivais vosotros mismos porque es imposible de explicar y no me creeriais. NO LO OLVIDAREIS NUNCA
El templo fue construido por Ramsés II para conmemorar su victoria en la batalla de Kadesh (ca. 1274 a.C.). Está dedicado al culto del propio Ramsés (los faraones se consideraban dioses) y de las grandes deidades del Antiguo Egipto, Amón, Ra y Ptah. Estos tres dioses tenían sus capitales y a lo largo de la Historia del Antiguo Egipto fueron muy venerados. Ra era la cabeza de la Enéada de Heliópolis, Amón la cabeza de la Triada de Tebas y Ptah el gran dios artesano de Menfis. Al lado de los tres se representa a Ramsés como el cuarto gran dios de Egipto.
La dinastía XIX intentó recuperar la influencia de Egipto en el exterior, perdida después de los disturbios y turbulencias religiosas (se apoyó el culto a Atón en detrimento de Amón) y políticas durante el reinado de Ajenatón (Akenatón) de la dinastía XVIII.
Ramsés II, hijo de Seti I combatió a los enemigos del Norte, y del Sur. Pero su batalla más importante fue la de Kadesh, en Canaán contra los asiáticos hititas. Esta batalla terminó con un tratado de paz entre ambas fuerzas. En los muros de Abu Simbel y de otros templos egipcios, Ramsés se jactaba de haber ganado la batalla; el rey de los hititas hizo lo propio en los templos de su país.
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